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domingo, 17 de agosto de 2008

¿Por qué no tengo un tío Albert?





Esta entrada también podría llamarse replicando y va para Karla, que no sólo corrige las versiones previas de este blog, sino que también me deja comentarios en él, los que me siento gustosamente obligado a contestar.
Efectivamente, Police no es filosofía barata y estoy de acuerdo en la maldición que significa Candy, Heidi, Remy y toda la sarta de babosadas televisivas que nos fletamos en nuestra infancia.
Sí, efectivamente no soy Terry, pero puedo gustosamente sobreponerme a no cumplir con las expectativas de algunas mujeres de mi generación, siempre y cuando yo sí tenga un tío Albert que me herede toda su fortuna….
Y no, no creo que todo el problema termine ahí, con todas estas falsas expectativas que rondan en el subconciente de quienes crecimos en los ochentas. Precisamente, mientras escribo estas líneas escucho a Cocteau Twins y la siguiente pista en el reproductor es de This Mortail Coil y me doy cuenta que en mi generación y su hacer visual también están presentes esas notas nostálgicas y tristes, sonidos y estéticas mediáticas de todo tipo: cantantes, bandas, actores y artistas “desadaptadamente” apáticos y taciturnos.
Conservo una colección de la revista Camera Darkroom, una publicación norteamericana que dejó de circular hace ya varios años; pero que es de mis favoritas. En sus páginas no sólo era posible encontrar grandes artículos sobre los clásicos de la fotografía, sino también de lo más contemporáneo del tiempo en el que circulaba este impreso: mediados de los ochentas y principios de los noventas.
Me gusta escuchar la voz de, digamos, Mark Hollis y hojear las páginas de esas revistas, cobran mayor sentido. Reflexiono y me doy cuenta que ese ambiente ha sido el medio propicio para incubar mis imágenes, que creo mucho tienen de ese particular “inconsciente colectivo”.

lunes, 4 de agosto de 2008

¿Mensaje en una botella?




Armar este blog ha significado vencer mis resistencias, que para no entrar en honduras, mejor llamaré decidias; pero como la mayoría de los esfuerzos me ha dado beneficios: el primero y más significativo ha sido encontrarme por estos rumbos con personas que me resultan cercanas y a quienes admiro: está Karla con sus historias y cosas cotidianas; Israel y su columna siempre interesante y entretenida; las maravillosas fotos de Tona, las noticias de Carlitos y la banda ciclista o el locutorio de Mariana .
Sin embargo; también resulta emocionante y a la vez desconcertante ver todo lo que uno puede descubrir, la inmensa maraña de redes “internacionales“, - por más narco style que suene el término -.
Me sorprende y nada tiene que ver con que dude de la calidad de las composiciones de Memo, que daneses y suecos se den el tiempo para escuchar lo que a miles de kilómetros de distancia el blog de Cinema Mudo ofrece. En ese sentido las redes de música funcionan mejor que cualquier otra, sin embargo sé que también las hay de escritores y de producción de video y, en fin, de todas las artes.
Ver a tanta gente tratando de comunicarse y de mostrar lo que es capaz de crear me hace recordar una canción que repetía miles y miles de veces en mi adolescencia: Message in a Bottle de The Police. Es la historia de un náufrago que escribe su nota de auxilio para depositarla en el mar, al día siguiente se sorprende al encontrar “cientos de billones de botellas“, “cientos de billones de náufragos”. Lo sé, qué filosofía tan barata; pero bueno, la culpa, en todo caso, es de Sting; sin embargo, valga la exageración del trío inglés, para ejemplificar lo que, sin el menor asomo de crítica, el mundo de los blogs me parece... Me gusta formar parte.

lunes, 28 de julio de 2008

X, y ...



“Simúlate a ti mismo”… Douglas Coupland.


Debo tener bastante harta a Karla de revisar una y otra vez este blog para ver cómo va; pero confío mucho en su opinión y sobre todo en su sarcástica bondad para señalar lo que le parece no está bien; a Juan no le consulté hasta que estuviera un poco más armado, su cinismo es fundamental; pero tampoco disfruto el masoquismo.

“Ah, que 'Y' wannabe, me saliste”; dijo de inicio; después, con gran seriedad, supongo por el tono en el que escribió sus siguientes mensajes en el Messenger, se dedicó a criticar el acomodo de los espacios y a cuestionar mis “intenciones comunicativas”… yo contesté afanosamente a sus preguntas y atiné a hacer uno o dos cambios esperando contar con la aprobación de alguien que dirige una carrera de comunicaciones; pero que igual después de dos cervezas eructa, sin gran estruendo, claro; pero también sin recelo.

Una vez que llegamos a un acuerdo sobre la distribución y pareció satisfecho con el resultado, atiné a preguntarle qué significaba eso de “haberle salido 'Y'“, supongo, pues insisto se trataba de una conversación por chat, después de resoplar, se dispuso a explicarme que así se identifica a una nueva generación de jóvenes que se comunican y se dan a conocer por medio del internet, “es la generación que sigue a la X”, me dijo en el tono que merece obviar algo tan lógico…

La idea me ha acompañado durante varios días y me ha hecho reflexionar, sobre este espacio y sobre mi persona. ¿Me considero “X”? Sí, claro que no en el sentido, espero, que le dan ahora mis alumnas al término, “no, pues es un maestro X…”, desdén tan cruel como ese, pocos.

Yo, lo confieso aquí públicamente y sin temor de recibir vociferaciones de críticos literarios y gente culta e instruida, releo con frecuencia Generación X, de Douglas Coupland, lo siento; así es. Me gusta quizá porque me veo y veo a gente que siempre ha estado cerca de mí retratada en ese libro; lo disfruto porque, como espejo de cuento de hadas, uno establece un diálogo con él para ver lo que uno es y lo que no es. Incluso, me siento triste porque ya no es posible encontrarlo en las librerías de esta leal ciudad. Quise regalárselo a mi psicólogo que siempre pone un rostro que me resulta un tanto incierto cuando hago alguna referencia al texto para tratar de explicar lo que me pasa… Ahora me pregunto si no estaré obsesionado…

En fin, pocas cosas tan valiosas he aprendido en estos últimos años como a tener precaución antes de usar la palabra “todos”. Los totalitarismos degradan. Estoy seguro que no todos los que nacieron en mi época son X, estoy seguro que no todos los que nacieron después son Y (Juan tampoco afirmó eso); me resulta intrascendente llegar a conclusiones de esa naturaleza, lo que sí me gusta mucho es que, finalmente, libro, blog, pintura, fotografía, happening, instalación o corriente músical; agradezco contar con espacios para conocer y para entender, sí, para entender al otro, para entenderme a mi, para entender todas esas cosas que no entiendo, pero que pienso mucho. De hecho mi siguiente entrega será sobre el descubrimiento de espacios y encuentros en el mundo virtual.

Quizás Generación X es uno de los libros fundamentales para mí; en buena medida lo que he hecho visualmente, lo que sigo haciendo, tiene mucho que ver que esa visión de mundo; además, por mucho que pese, me topo con frecuencia en exposiciones, - no sólo fotográficas -, con ideas y formas de expresión relacionadas; por eso, quizá valga la pena revisarlo, ahora que también mucho me pregunto, ¿qué leerán esos Y de los que habla Juan?